¿Qué hay con el silencio?

Durante mis estudios graduados en Divinidad, nos presentaron el reto de pensar sobre la práctica del silencio y la soledad, y cómo éstas pueden ser útiles para crear espacio para Dios en nuestra vida. Ambas nos obligan a enfrentar nuestro caos interior y, en ocasiones, nuestro ego. La anécdota a continuación la reviví al leer un devocional inspirado en las palabras de Henri J. M. Nouwen. En su libro Making All Things New: An Invitation to the Spiritual Life Nouwen trata de responder las preguntas: “¿qué significa vivir una vida espiritual?” y “¿cómo la vivimos?”. Un llamado a las profundidades de nuestra vida espiritual en Dios.

Mi familia y yo vivimos en un lugar bien ruidoso. Nuestra casa queda cerca de una avenida principal. Aunque no estamos justamente al lado, podemos escuchar motoras, camiones, caravanas, entre otras cosas. En adición, nuestros vecinos tienen motoras y les gusta hacer “alboroto” con sus autos.

Si vamos a la casa de mis suegros (quienes viven en un área mucho más rural que donde vivimos), la paz es palpable. Se pueden sentir el silencio y la tranquilidad. Allá no se escuchan ruidos estruendosos, sino que se pueden percibir cantos de aves, insectos, animales y la misma naturaleza. Recuerdo que la primera vez que me quedé en su casa antes de casarme con mi esposo, me habilitaron un cuarto para que pudiera tener privacidad. Fue una experiencia interesante: tras que no estaba acostumbrada a la plena oscuridad que se puede apreciar en un lugar con baja contaminación lumínica, se podían escuchar un sinnúmero de sonidos ajenos a los que yo usualmente reconocía. En especial, había una constante llamada que me dio terror y que no fue hasta que se asomaron las primeras luces del alba que pude descansar. Aprendí que lo que escuchaba era un múcaro, una especie de búho que, aunque lo había visto, nunca lo había escuchado.

La disciplina del retiro y del silencio nos obligan a enfrentarnos a nuestros múcaros. Quizás sabemos que están ahí, los hemos visto, pero escuchar en el silencio el sonido inquietante de su presencia puede ser aterrador. Nuestros temores, inseguridades, heridas, insuficiencias y hasta pecado toman forma de esa ave la cual en la oscuridad se hace escuchar y nos recuerda lo que con tanto esmero hemos querido silenciar y olvidar. Pensamos que esa es la solución: el olvido, la distracción, el trabajo, la constante actividad, relaciones, proyectos, hábitos buenos o malos, entre tantas otras cosas. Este mundo nos rodea con ruido ensordecedor que, honestamente, algunas veces abrazamos con el fin de no escuchar lo que no queremos entregarle a Dios, el único que representa la verdadera solución. Algunas veces cuando nos sentimos demasiado cómodos podemos dejarnos seducir por las distracciones que nos alejan de escuchar la voz de Dios. Eso me lleva a pensar en la porción bíblica que encontramos en 2 Timoteo 4: 3 — 

“Porque llegarán tiempos en que la gente no querrá escuchar la verdadera enseñanza que conduce a una vida recta y sólo buscarán rodearse de maestros que los complazcan diciendo lo que quieren escuchar.”

Pienso que esta generación, la sociedad, nosotros, no estamos tan sordos sino más bien distraídos; corriendo tras las voces que complacen nuestra carne más que el espíritu. ¿Será que estamos buscando escuchar lo que nuestro ego quiere oír? ¿Será que en eso estriba nuestra lucha: en la insatisfacción que nuestra carne siente cuando el Espíritu Santo nos pide ocupar más terreno en nuestra vida? ¿Será que preferimos ese ruido a la voz de Dios porque sabemos lo que implica- obediencia, entrega, sacrificio?

Y si en efecto nos hemos distanciado tanto del camino y ya no podemos distinguir entre el bien y el mal, ¿nos inclinamos más a escuchar voces que aplauden nuestro comportamiento o que lo desafían? En Romanos 1: 24-32 podemos leer sobre cómo el mundo, aun sabiendo reconocer la maldad, deciden perseguirla al intercambiar la verdad por la mentira con el fin de satisfacer sus propios deseos. ¿Qué deseamos satisfacer? ¿De qué nos queremos cuidar o proteger? ¿De nuestros temores o de lo que implica sentarnos en el silencio que puede provocar callar las voces que nos rodean para sintonizar la voz de Dios? ¿Será que hemos abrazado nuestros múcaros porque creemos la mentira de que serán mejor que encontrar en Dios la verdadera paz? Al aferrarnos a ellos les otorgamos inconscientemente el lugar que supone sea únicamente para Dios, rayando en la idolatría. Mientras el salmista abrazaba el múcaro de su pecado, sus huesos se consumían. (Salmos 32: 3)

En el silencio que nos provee la comunión con el Creador, podemos enfrentarnos a lo desconocido e incierto; al dolor escondido entre los pliegues del corazón; y decir como el salmista exclama en el Salmo 32: 7—

Tú eres mi escondedero; de la angustia me preservarás; Con cánticos de liberación me rodearás.

Dios es nuestro refugio y nos promete su acompañamiento en nuestros procesos de sanidad, de libertad y restauración. En el versículo 8 la voz poética se le adjudica a Dios cuando manifiesta—

Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; Te aconsejaré con Mis ojos puestos en ti… Al que confía en el Señor, la misericordia lo rodeará.

Lo incierto y tenebroso en nuestra vida recibe claridad en la presencia de Dios. A diferencia del ruido que trata de rodearnos, Él nos envuelve en su misericordia. Es ahí que recibimos dirección, verdadero consuelo y fortaleza. Sin escuchar la Palabra de Dios (Su voz) el fruto de la fe morirá lentamente en nuestra vida puesto que en Romanos 10: 17 podemos leer que “la fe viene por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”. Al final del día, ¿cómo podemos utilizar el silencio como práctica para afinar más la voz de Dios en nosotros? ¿Qué crees que Dios está deseoso de decirte si tan solo te atrevieras a escucharle?

2 responses to “¿Qué hay con el silencio?”

  1. Rowan Puig Davis Avatar
    Rowan Puig Davis

    ¡Que bueno estuvo esto! Gracias Raquel.

    Fue de bendición para mi vida. Lo voy a compartir. ¡Saludos y muchos éxitos en tus estudios y que sigan dando muchos frutos!

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    1. solosoyoveja Avatar

      ¡Gracias por este mensaje y por compartirlo! Un abrazo

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