A puño y letra…

La encontré orando, a Irene, mientras me ponía ‘al día’ con una amiga que, entre el ajoro, los hijos, la vida, los procesos, nos separaron semanas de no saber la una de la otra. Mientras pronunciaba ademanes vocales para dejarle saber que me mantenía atendiéndola (aun con los diversos ruidos que producía mi hija de un año y algunos meses), me percaté de un espacio de silencio. Silencio: el preludio de toda escena de terror para el cuidador de un infante. Sin inmutarme ante el mismo por temor a llamar la atención de mi hija, vi la siguiente escena:

Irene estaba sentada en el piso de su cuarto, rodeada de la mitad de la cantidad de los libros que posee. Uno de esos libros era su cuaderno de colorear, el cual decoraba con diversos garabatos que pretendían ser algo. De pronto, Irene puso sus crayones dentro del libro y juntó sus manos. Lo que parecía una casualidad se convirtió en un hecho en el momento en el que, además de sus manos juntas, sus labios comenzaron a moverse de manera ininteligible. Una vez culminó, continuó su algarabía.

Cautivé esos segundos, como tratando de hacer sentido de lo que estaba ocurriendo pero a la vez intentando grabármelo en la memoria.

Esto de ser madre me ha transformado la vida. El mayor cambio que he experimentado ha sido que he despertado cierta consciencia sobre el poder de influencia que tengo sobre una persona que se entiende a sí misma totalmente dependiente de mí, y de nosotros (mi esposo y yo) como sus padres. A su vez, eso resalta la necesidad y la realidad de que soy totalmente dependiente de Dios; sin Él no puedo hacer mucho, o nada. Y eso Él lo sabe de nosotros. Por eso cuando Dios habla a nuestra vida lo hace desde el punto ventajoso de saber que Él es la razón de nuestro existir y de la vida misma.

El Shema es una porción bíblica estudiada a través de los años y contiene una serie de instrucciones y directrices que determinan el rumbo que Dios ha trazado para Su pueblo. Ese rumbo comienza en Él y sin Él no podremos disfrutar a plenitud sus promesas y beneficios.

Oye, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en la mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes y cuando te levantes. Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente como señales, y escríbelos también en los postes y en las puertas de tu casa.
Deuteronomio 6: 4-9 DHH

Releyendo me surgen las siguientes preguntas:

  • ¿Qué o a quién oímos?
  • ¿Qué o a quién amamos?
  • ¿Qué nos grabamos?
  • Por ende, ¿qué es lo que enseñamos y hablamos?
  • ¿Qué enseñamos?
  • ¿Qué hemos dejado escrito?

Hay preguntas que no se contestan con una simple oración y si me hubiera preguntado estas premisas a través de distintas etapas de mi vida quizás variarían mis respuestas. Lo interesante es que la construcción de todo nuestro concepto de ser se da a base de una cosa: lo que escuchamos, a lo que le prestamos nuestra atención. En Romanos 10: 171 podemos leer que la fe es producto (fruto) de oír la Palabra de Dios (la Buena Noticia, el Evangelio). Por ende, mi fe, mi confianza en la persona de Dios, proviene de escucharle; de escuchar lo que ha dicho a través de Su Palabra; de escuchar y obedecer (otra manera de interpretar la acción de escuchar) lo que Él dice y lo que ha dicho sobre mí. Eso que oímos, eso que aceptamos como nuestra fe, tiene la capacidad de moldearnos porque tiene acceso a nuestro afecto: amor.
En un mundo donde lo que sentimos tiene más poder y verdad que la propia razón, entramos en el conflicto social de entendernos según lo que ya Dios ha dicho, y no necesariamente lo que sentimos o cómo nos sentimos. Por amor, el Hijo se hizo uno con la muerte para que tú y yo podamos ser uno con Dios a través de Jesucristo. Por amor la derrotó para demostrar que nada, ni la muerte, nos puede alejar del amor del Padre.

Gracias a que Jesús es la Palabra encarnada de Dios (el Verbo) supo contestarle al Adversario de las almas con la misma palabra que cimentaba su fe en el Único Dios, quien nos alienta a entender que no solo de pan vivimos2, sino de Su Palabra. En una adaptación del texto propongo que no solo vivimos por nuestras necesidades o con el fin de satisfacerlas, no solo vivimos por lo que podemos percibir con nuestros sentidos o emociones, no solo vivimos por lo que podemos alcanzar por nuestras fuerzas o ímpetu, sino que vivimos y nos mantenemos con vida por un flujo contínuo de la Palabra de Dios.3 Así como los marineros de Ulises en La Odisea que utilizaron cera para cubrir sus oídos de quienes los llamaban a su ruina, la Palabra de Dios, en medio de las sirenas de esta sociedad, sellará nuestra vida de las amenazas que nos acedian. En Proverbios 2: 8 hallamos la esperanza de que “Él cuida el sendero de los justos y protege a aquellos que le son fieles”.

Ese flujo, como la gota que constantemente cae sobre una superficie dura, va cavando en el corazón del que lo recibe y va dejando huellas. La lectura constante de la Biblia va dejando marcas a través de la memorización y práctica, y se convierte pegajosa en nuestra mente, dando fruto en nuestras acciones. Jesús habló sobre esto en una ocasión particular en la que estaba en un monte y le era fundamental explicarle al grupo que le estaba escuchando la cultura del Reino de los Cielos. Entre las cosas que dijo, compartió la siguiente verdad: Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón.4 Lo que atesoras, lo que amas, lo que obedeces, te inclina a permanecer en su presencia.

Cuando era niña me encantaba crear mapas. Usualmente el juego consistía en que era una espía y debía pasar desapercibidamente por la casa de mis abuelos hasta localizar la equis. ¡La x! Esa equis grabada en el terreno o en el papel representaba el tesoro, lo amado o deseado. Por alcanzar la equis multitudes cruzaron mares, destruyeron comunidades, arrazaron con flora y fauna con el fin de conseguir un atisbo de la esperanza de disfrutar de dicho tesoro. Pensar que lo que amamos no nos conmueve sería ilógico e ilusorio. Ese amor, esa afición, deja sus huellas. Si no logramos comprender esta verdad pensemos en Jesús, quien llevó la marca de su amor por nosotros en su cuerpo. De hecho, en su intento inscesante de hacerle entender a su pueblo esa fidelidad y compasión, Dios dijo:

15¿Se olvida una madre del bebé que amamanta?
    ¿No tiene compasión del hijo que dio a luz?
    Aun si eso pasara, yo no te olvidaré.
16 Mira, te tengo escrita en mis manos.
    Tengo siempre presentes tus murallas.

Isaías 49: 15-16 PDT

En otras versiones utiliza la frase “en las palmas de las manos te tengo esculpida”, “en la palma de mi mano he grabado tu nombre”, incluso “llevo tu nombre como un tatuaje en mis manos”. Somos las equis grabadas en las manos de nuestro Salvador; nuestra miseria lo movió a compasión, para demostrarnos que sin Él no somos nada, que Él es el verdadero tesoro que debemos perseguir. Él debe ser nuestra ambición, lo que anhelemos, ansiemos.

Lo que dejamos que se adhiera a nuestra vida, que se grabe en nuestra mente y corazón, es lo que, inconscientemente o no, enseñamos y hablamos. La Biblia dice que “de la abundancia del corazón habla la boca”5, de otra forma las palabras arrojan luz sobre lo que hay en nuestro interior. Lo que se gesta en nuestro corazón, así como una mujer en su proceso de embarazo, se verá en la descendencia de nuestras palabras y acciones. Por consiguiente, Dios le exhorta a su pueblo a que tengan cuidado sobre lo que está grabado en su vida, porque eso dará fruto en sus hechos.

¿Por qué esto nos tiene que importar? Porque como gente del Reino Celestial, nuestro mayor desafío es revelar a Cristo a través de nuestra vida, nuestra convivencia, nuestra crianza. Los versos de Deuteronomio es una forma de Dios decirnos “Oye, escúchame por un momento. Ámame con todo lo que eres, todo lo que tienes, todo lo que sientes, porque tu verdadera identidad se encuentra en mí. Si esa es tu verdad, la identidad que yo te doy, grábatela para que se note a través de tu forma de vivir.” No solo eso, esta es la clave para disfrutar de esas bendiciones que el Señor prometió a través de Su Palabra y que solo podremos experimentar a plenitud dentro de ese marco que el Señor nos está trazando: siguiendo Sus estatutos y voluntad. Fuera de eso hay aparente placer y disfrute momentáneo que concluye en devastación. Para los que permanecen en Él, a pesar de los retos que conlleva, hay esperanza: Dios cuida y protege a quienes lo obedecen y se preocupan por el débil.6 No existe desafío al espíritu en el que Dios no se haga presente.

En una ocasión, sorprendieron a una pareja en pleno acto de fornicación7. Señalaron a la mujer como adúltera y dispusieron de la persona de Jesús para criminalizarla y condenarla según la ley. Las piedras que sostenían iban a dejar inscritas en la piel de esa mujer su pecado. No obstante, Jesús escribió algo en el suelo que los llevó a reconocer su propia maldad, y huyeron. Su amor, perdón y gracia tallaron sobre la vida de esa mujer una nueva historia. Recordando las palabras de Dios en el Shema me pregunto: ¿Qué he escrito en postes y en la puerta de mi casa? ¿Qué he escrito o estoy escribiendo en los demás?

El que mi hija ore no surje de una circumstancia aislada a su realidad; es algo que tratamos -énfasis en tratar- de practicar y emular. Oye, no pretendo mostrar mi vida como una perfecta y sin esfuerzo alguno. Al contrario, siembro con lágrimas, con mis temores, pero con la certeza de que la semilla que intento dejar plantada en su corazón carga el más alto valor. Mi esposo y yo, junto con nuestra familia, nos hemos puesto en común acuerdo de hacerle la guerra al mundo y a sus intensiones de dejar plasmados sus conceptos de vida y muerte en el corazón de nuestros niños y juventud. Procuro, pues, ser intencional en lo que digo, mis reacciones y lo que hago porque yo sé que solo así ella podrá poner a prueba lo que he tratado de enseñarle con mi testimonio. Si es verdad que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, ¿qué estoy escribiendo en el espíritu de las generaciones que se me acercan?

Por mucho tiempo basé mi fe en lo que yo podía alcanzar o cumplir según lo que entendía que era mi parte en esta relación, entre Dios y yo. No me fue tan mal; entendía las Escrituras y buscaba por mi cuenta estrategias para mantener esa llama de devoción encendida dentro de mí. Funcionó por un tiempo, serví en ministerios y sé que fui de bendición, pero quemé nuestra intimidad. Buscaba la mano de Dios, y no su rostro. Guardaba sus estatutos por cumplir con ellos y conservar mi imagen piadosa, pero mi corazón estaba desierto de su presencia. Como Dios no desperdicia ninguno de nuestros procesos de vida, usó mi postparto para hacerme entender que quien me justificó, me rescató y me transformó es el mismo quien ha dicho en su Palabra que, con su puño y letra, tallaría en mi corazón sus estatutos y me los haría entender en la mente porque yo era suya y Él, mío8. La tinta que usa para escribir en nuestra vida Su ley de amor brota de un puño que fue traspasado por el grafito de un clavo. Él reconoce su autógrafo en su creación, por lo que nos invita a ser sus hijos e hijas, no solo sus criaturas. Oír y amar a Dios incluye obedecerle e imirtar su acción salvífica en otros, no porque tengamos ese poder por nuestra cuenta, sino porque conocemos de primera mano el que tiene el poder para salvarnos de nuestra maldad y castigo eterno.

22No solo escuchen la palabra de Dios; tienen que ponerla en práctica. De lo contrario, solamenten se engañan a sí mismos.

25Pero si miras atentamente en la ley perfecta que te hace libre y la pones en práctica y no olvidas lo que escuchaste, entonces Dios te bendecirá por tu obediencia.

Santiago 1: 22, 25 NTV

Oro para que el Espíritu Santo haga mella en nuestro corazón de tal forma que sea irresistible para nosotros inclinarnos a vivir según la voluntad del que, por su gracia y amor, manchó sus vestiduras con nuestra maldad y fue revestido en gloria por darnos salvación y vida verdaderamente eterna.

  1. Así pues, la fe nace al oír el mensaje, y el mensaje viene de la palabra de Cristo. DHH
    ↩︎
  2. Mateo 4: 4 ↩︎
  3.  Jesus answered by quoting Deuteronomy: “It takes more than bread to stay alive. It takes a steady stream of words from God’s mouth. Matthew 4: 4 MSG ↩︎
  4. Mateo 6: 21 ↩︎
  5. Lucas 6:45 ↩︎
  6. Proverbios 2: 8 NBV ↩︎
  7. Juan 8: 3-11 RVR 1960 ↩︎
  8. Jeremías 31: 33 y Hebreos 10: 16-17 ↩︎

One response to “A puño y letra…”

  1. Jeannette Torres Avatar
    Jeannette Torres

    Excelente escrito que brota del corazón y de cómo bien dices de esa intimidad con Dios! Que sigan fluyendo experiencias y espacios nutritivos con Dios y con los demàs pq serán los recipientes de esa relación de Amor!

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