Y otras cosas encuarentenadas…
Esto no estaba en nuestros planes, entiendo que en los de muchos tampoco. Cuando uno lleva casi un año y medio planificando un evento tan especial como este, hasta el más mínimo detalle es consultado, disectado y confirmado. Entendimos que todo estaba bajo control, nunca dudando de la guianza y acompañamiento de nuestro Dios. No fue hasta un tiempo luego de que la ilusión de nuestro momento perfecto se derrumbara que entendimos: Dios sigue estando en control. No fue hasta un largo tiempo que podemos estar seguros de esto.
Sinceramente, llega un momento en el que las palabras no son suficiente para consolar un corazón ilusionado, empeñado en realizar su voluntad a toda costa. Es cuando en cuarentena, comienzan a resurgir sentimientos que hemos cuarentenado, aislado, hechado a un lado pensando que no son importantes enfrentar, o son muy dolorosos de darle cara. Puede que eso que hemos querido aislar no se lo queremos entregar a Dios por orgullo, por verguenza, o por no tener que revivir esas experiencias y sentimientos.
Sin lugar a duda, cuarentenar cosas en vez de entregárselas a Dios es como una bola de nieve, la cual parece comenzar pequeña, insignificante, pero que luego de rodar cuesta abajo por el monte de la vida, tiene la capacidad de derrumbarnos, aún cuando pensábamos estar lo suficientemente fuertes y capaces para lo que nos quisiera sorprender. Encontrarnos con nuestra miseria puede ser experiencia vergonzosa, retante y hasta drenante. Sin embargo, es a través de la misma que Dios nos quiere hacer entender su MISERIcordia.
Quizás no es tu boda la que esta en un detente, a lo mejor son tus sueños, tus planes y proyectos… No obstante, hay muchas otras cosas en lo profundo de nuestro corazón que están detenidas y deben de ser enfrentadas… Saquemos a la luz lo que hemos querido ocultarle al Señor, aquello que hemos querido silenciar para que no nos siga atormentando, aquello que hemos querido poner en pausa para no tener que asumir responsabilidades y entablar diálogos y acciones. Si en este tiempo he aprendido algo es que hay cuarentenas que llevan mucho tiempo establecidas en nuestro corazón y mente, y ha llegado el momento de aislarnos de nuestro orgullo y temor, y abrazarnos al único que puede traer verdadera sanidad y restauración.
“Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes las palabras que dan vida eterna”.
Juan 6: 68

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